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EL SUEÑO
Cuando llegó a las ruinas después del largo camino a través del bosque, se dijo que había merecido la pena el esfuerzo. Allí, en los árboles y arbustos se hallaban los restos el Casino de Juego que aún guardaba el recuerdo de su antiguo esplendor.. Estudió con detalle como podía acceder a él. El tiempo había derrumbado las paredes y una torre asomaba solitaria y tímida entre la maleza como defendiéndose de la curiosidad de los extraños. Tras varios intentos encontró el lugar adecuado y trepó por una de las ruinosas columnas, tuvo que sortear un enorme árbol, que cortaba casi el acceso , y a riesgo de resbalar y caer desde una considerable altura, consiguió su objetivo.
Se asomó a la casi derruida baranda y dejo con deleite que el sol acariciase su cara, con voluptuosidad. Después se introdujo con la mirada, en el mar de árboles que se extendía ante su vista y se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo. Sabía que allí podría sentirse sola, y estar sola en aquellos momentos era lo que más necesitaba porque sabía que pronto dejaría de estarlo para siempre. Pero no quería pensar en lo que le aguardaba en el futuro, faltaban aún veinticuatro horas para su boda y quería disfrutar al máximo de su último día de libertad.
Cuando se cansó de contemplar el paisaje, eligió un lugar protegido por el sol para disfrutar sintiendo la sensación de soledad penetrando en los poros de su piel y escuchó el silencio, que solo se truncaba por el murmullo del viento agitando las hojas de los árboles y el agudo canto de algún pájaro. No quería pensar, pero no podía evitarlo, el pensamiento la había seguido hasta allí, la seguiría a todas partes porque estaba dentro de sí misma, y en su pensamiento solo estaba Ricardo, su futuro marido, el hombre al que uniría su vida para siempre dentro de pocas horas, el hombre al que no amaba... aunque lo había intentado pero iinútilmente.
Había analizado cuidadosamente todas sus cualidades, que eran muchas. Ricardo era bueno, inteligente, atractivo y hasta rico, cualquier mujer se hubiese sentido feliz de casarse con él, pero ella no podía amarle... ¿por qué?..no había respuesta dijéramos que se había visto empujada a él poco a poco por las circunstancias que les rodeaban.
Se habían conocido desde niños, habían crecido juntos porque eran vecinos e iban a la misma escuela. Comenzaron un noviazgo casi sin darse cuenta, ella descubrió el despertar del sexo junto a él y él junto a ella, aquello fue lo único que les unió, después la sociedad hizo el resto, porque una vez habiéndole entregado lo mejor de si misma, era obvio que tenía que pertenecerle.Eso era lo que había aprendido de sus padres, lo que había visto hacer a sus amigos y lo que todos esperaban de ella y jamás se planteó lo contrario
. Todo se lo habían dado hecho, su familia primero, en la escuela después. Había aprendido un tipo de moral y lo había adoptado como suyo, sin haberlo analizado siquiera, ahora se veía cogida en su propia trampa, pero era demasiado tarde, no podía defraudar a los demás ni a si misma, no podía hacerlo ni aun a costa de su propia felicidad.Había venido allí precisamente a no pensar en todo aquello, pensar, no serviría de nada. Estaba decidida a llenar su pensamiento con algo distinto y se le ocurrió que seria un buen sistema imaginar como debía ser el lugar donde se hallaba, años atrás, como parte del espléndido conjunto de construcciones que constituía el Gran Casino de Juego de Barcelona! Cuantas almas habrían venido allí ansiosas de tentar a la suerte y probar fortuna!. !Cuantas otras las habrían perdido en el juego y se habrían asomado a aquella misma terraza para olvidar su mala suerte, perdiéndose con la mirada entre los árboles para ocultar entre ellos su desesperación!..
Se concentró en aquella idea y lo hizo de tal forma y con tal fuerza que hasta le pareció sentir las vibraciones de aquellas almas desconocidas que habían quedado grabadas en las piedras donde se recostaba y empezó poco a poco a dejase influir por el ambiente que estaba creando con su imaginación, como si el tiempo se hubiera detenido de pronto en aquel lugar para siempre y ella se sintiera embrujada por él.Y así poco a poco, imaginando situaciones y personajes de otros tiempos, mezclando el cansancio del largo camino y la necesidad de huir de su propia angustia, se quedo profundamente dormida.
No supo cuanto tiempo estuvo durmiendo, de repente una ráfaga de frío intenso la despertó, abrió los ojos sobresaltada y lo que vio la sorprendió tanto que la dejó sin reaccionar...Todo había cambiado, el sol ya no brillaba , atardecía y un viento helado sacudía los árboles. Se dijo a sí misma que debía de estar soñando y se incorporó para comprobarlo... caminó unos pasos, ya no había árboles a su alrededor, la torre ya no era solo una ruina y ante su vista se extendía el magnifico edificio del Casino de Juego brillando como plata a la luz de la incipiente luna. Habían luces en las ventanas y una suave música provenía de su interior, cuando esta cesaba a intermitencia, se escuchaban voces de gente mezcladas entre si, que reían y hablaban alegremente. Un escalofrío recorrió su espalda... todo estaba exactamente igual a como ella lo había visto en las antiguas fotografías de hacia cien años...¿que había ocurrido?...Comprendió claramente que se había trasladado en el tiempo a una época que no le pertenecía, se golpeó con fuerza los brazos y las piernas para reaccionar y despertar de aquella pesadilla, pero siguió despierta... no sabía que hacer... Cuando la desesperación comenzó a invadirla, le descubrió...
Estaba en un rincón de la torre, inclinado sobre la baranda y parecía mirar el horizonte sin verlo, ajeno a su presencia, ajeno a todo.Ella se acercó despacio, no sabia quien era ni que hacia allí, pero al menos quizá pudiera aclararle que es lo que estaba ocurriendo. Se detuvo a mirarlo, era un hombre joven, en la frontera de la madurez. Iba vestido con las ropas de los personajes que se veían en los cuadros de principios de siglo, alto, cabellos largos y claros... una elegancia especial parecía emanar de toda su persona, parecía triste, ...
Dejó pasar un tiempo sin decirle nada, hasta que ya no pudo resistir más.
..Se acercó un poco y observó que él no la veía Armándose de valor apoyó la mano en su brazo y le sacudió ligeramente. El hombre reaccionó entonces y la miró. Su mirada pareció llegar directamente al fondo de su alma. Estaba viviendo algo inexplicable, algo fuera de la lógica y se introduciría en ello sin cuestionarse nada, ni siquiera si soñaba o no. Viviría el momento por una vez, la primera, con intensidad. Ambos entablaron un dialogo casi sin darse cuenta, coincidiendo el pasado de él con el presente de ella, en unos momentos que podían ser eternos puesto que el tiempo había dejado de existir.Y poco a poco amaneció de nuevo. Cuando el sol apuntaba ya en el horizonte y cuando las luces se habían apagado, las voces de ambos dejaron de escucharse, pero ella y él sabían que estaban abocados a un destino el que no podían escapar...
.- Debo irme. - dijo él.
.-¿Y yo no puedo impedírlo? -
.- Solo tú puedes hacerlo. - le contestó
Permanecieron así, estrechamente unidos, hasta que de improviso ella sintió que estaba abrazando el vacío y el desconocido ya no estaba allí. Se inclinó sobre la baranda instintivamente y vio el cuerpo del hombre entre las rocas, tiñéndose lentamente con el rojo de su propia sangre. Un grito se escapó de su garganta, un grito que llenó la inmensidad del espacio y se elevó poco a poco hasta el infinito... un grito de impotencia, un grito de dolor...
Entonces despertó de verdad, el sol brillando en el cielo despejado ya había alcanzado la curva de su cenit. Miró a su alrededor, la torre se erguía en ruinas como antes, los pájaros cantaban como siempre y el viento murmuraba entre las hojas su eterna canción del fin del verano.
Se incorporó con gran esfuerzo. Todo había sido un sueño dentro de otro sueño... nada había ocurrido. Todo seguía igual. Comprendió lo que se debe sentir cuando uno muere... aunque aquella noche ella sabía que había nacido por primera vez.
A duras penas consiguió llegar hasta la barandilla. Debía cerciorarse con sus propios ojos de que él no seguía allí. El mar de árboles se alzó impasible ante sus ojos en un verde monótono y desalentador... de pronto le pareció ver algo que brillaba entre las piedras, no podía distinguir bien lo que era, pero tenía que averiguarlo, sus piernas parecieron recobrar el movimiento.
Consiguió llegar hasta las columnas y con la agilidad de un gato salvaje voló más que corrió entre la maleza y las piedras.
Cuando tuvo en sus manos aquel papel, vio que era una antigua fotografía. Con el corazón saltándole en el pecho la miró. Allí, en la superficie vio la imagen impresa del hombre con el que había soñado la noche anterior, y a su lado una mujer que le sonreía, ambos iban ataviados con trajes de épocas pasadas y aunque al principio no la reconoció, después vio que ella tenía su mismo rostro. Incapaz de comprender, pudo percibir que debajo de ambos alguien había escrito algo y y aunque le costaba mucho esfuerzo concentrarse en nada, se esforzó en leerlo, tuvo la convicción de que aquellas letras eran la clave de todo aquel misterio.
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El día de su boda, ella se levantó muy temprano, antes que nadie . Se vistió aprisa y salió de su casa sin hacer ruido, ninguno podía saber a donde iba ni porque. Se puso al volante de su coche con la seguridad de que por una vez ella iba al encuentro de su destino y a evitar que el ya trazado de antemano, fuese a encontrarla.
Cuando llegó a la calle que buscaba, se detuvo frente al numero de la casa que había leído en el papel y aparcó el coche. Se dirigió a la puerta, estaba abierta, no parecía haber nadie dentro, pero tuvo la sensación de que la estaban aguardando desde hacía mucho tiempo y que ocurriera lo que ocurriera a partir de aquel momento, aquel siempre había sido su lugar.
Como respondiendo a su pensamiento un hombre apareció en el umbral. No había mucha luz en la calle, pero le hubiera reconocido aunque no hubiera podido ver su rostro... era el hombre con el que compartió en aquella noche fantástica, los momentos de irrealidad más reales de toda su vida. El hombre de su sueño.
Se miraron ambos sin hablar, no hacia falta. La noche anterior aquel hombre también había tenido un sueño, y los dos se reconocieron en él. No le invitó a entrar porque no existían puertas, ni abiertas ni cerradas, solo existían los dos mirándose frente a frente compartiendo un momento de vida. De una vida que no iban a dejar escapar.